-Dani, tengo que decirte una cosa sobre mis padres.
-¿Qué pasa? ¿Se han retrasado en venir?
- A ver es un poco delicado... Soy huérfano. Mis padres murieron hace 3 años y desde entonces vivo solo en esta casa.
Daniela no podía creer lo que le estaba contando. Las lágrimas brotaban de sus ojos.
Oh, cariño... No lo sabía... lo..lo siento mucho- Tartamudeaba Dani.
Tranquila amor- La consolaba abrazándola- Por eso mismo te lo he dicho. No quiero que haya secretos entre nosotros.
-Está bien- Se secó las lágrimas- Vamos a desayunar.
-sí, y después te enseñaré otra cosa fantástica de ésta casa. Te va a encantar.
Después de desayunar, Marco le tapó los ojos y la llevó a la parte trasera de la casa.
-¿Qué hueles?- Preguntó él.
Ella dejó que le invadiera aquella extraña pero a la vez dulce y sensual fragancia. Al cabo de un rato preguntó:
-¿Rosas? Imposible en invierno no hay... ¿Jazmines? No.. en invierno no brotan...
-¿Estás segura?- Le destapó los ojos.
Allí había rosas, jazmines, pensamientos, claveles, árboles, arbustos... Parecía un parque botánico. Y en medio de aquella selva, había una piscina.
-¿Te gusta? - Preguntó él.
-¿Bromeas?¡Me encanta!
Se besaron. Ella se apartó un poco, lo miró con aquellos ojos azules que tenía y le susurró al oido:
-¿Podemos bañarnos?- Su voz disimulaba una enorme sonrisa.
-¿Sin bañador?
-Total.. ya me has visto desnuda, no me preocupa- Dijo ella.
-Bueno vale, aunque si no te importa, yo prefiero ponerme el bañador.
-Anda...no seas así. Bañémonos juntos desnudos... ¿qué tienes que perder?
No pudo continuar hablando. Marco aplastaba sus labios contra los de ella. Lo había conseguido de nuevo y estaba feliz. Fueron metiéndose poco a poco en aquella agua congelada.
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